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El aburrimiento no es malo

El aburrimiento no es malo.

De hecho, gracias al aburrimiento, hemos vuelto a poner en marcha este blog.

¿Y qué se os ha ocurrido gracias al aburrimiento?

Pues la cosa ha estado cerca de convertirse en una idea bastante fantástica, pero quizás poco realizable.

Así que la hemos transformado para que sea las dos cosas, por una parte fantástica y por otra, que la pudiéramos llevar a cabo.

La idea original era crear una revista: La Revista de Trampolín.

Y en ella tener diferentes secciones como artículos editoriales sobre educación y actividades acuáticas infantiles y para bebés, información de nuestras actividades cotidianas y especiales, recomendaciones para hacer al aire libre y a cubierto para los días de lluvia, concursos y pasatiempos para los ratos que pasáis esperando a que vuestros peques naden o terminen de pintar sus papelitos… etc, etc, etc.

 

aburrimiento

Pero se nos presentaba la dificultad de editar la revista y distribuirla entre todas vosotras una vez que estuviera y por otra parte esto nos iba a quitar tiempo para traer contenidos interesantes a este blog.

Hay que tener en cuenta que no todo el tiempo estamos aburridos, también hay momentos en los que a duras penas podemos atender todo el trabajo que nos llega y esto no deja de ser algo más que ofreceros.

Así que lo que hemos decidido es que, al menos por ahora, vamos a llevar a cabo esta revista en este blog, imprimiremos algunas copias y las pondremos en el tablón que hay en recepción.

Luego ya veremos si la cosa gusta y somos capaces de mantenerla en el tiempo, si al final tenemos físicamente la revista o si la dejamos de forma virtual.

Pero por ahora os vamos contando cositas por aquí.

Pues sí que os ha cundido el aburrimiento.

En estos tiempos, en los que tanto personas adultas como peques tenemos una oferta de entretenimiento infinita, el aburrimiento parece una maldición divina.

Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños que dijeran: «Papá, me aburro» y yo decirles que quién se creían que yo era, su payaso particular, que se buscaran algo para entretenerse.

No te creas que funcionaba a la primera, al cabo de un rato venían a decirme otra vez: «Papá, me aburro»

Y yo insistía: «Pues cómprate un burro» o «Pues no se-a-burra» o cualquier otra respuesta que no les diera una solución.

Al cabo de un rato estaban los dos entretenidos con algo que se habían inventado ellos.

Eso sí, había que estar pendiente, porque el aburrimiento no tiene por qué ser malo, pero puede ser peligroso.

Seguro que todos tenemos en mente alguna idea de casquero (o bombero, no sé cómo lo dices tú) que se nos hubiera ocurrido cuando éramos pequeños y estábamos aburridos.

Disfrazar al gato, meter al perro en un camión teledirigido, lanzar por la ventana aviones de papel con mensajes escritos…

Por poner algunos ejemplos que no escandalicen a nadie.

Eso sí, la redacción de este medio advierte que en las prácticas mencionadas ningún animal sufrió más allá de un menoscabo de su dignidad.

¿Nos quieres contar tú alguna idea de casquero que se te ocurriera cuando estabas aburrido de pequeño?

 

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